Por Moli Molinas
Como cada mañana, María Antonia Caballero
(63) se despertó
muy temprano ese miércoles 6 de abril de 2022 y tomó su carro
para
ir a trabajar. O mejor dicho
su carro-mano, un precario contenedor con ruedas que empujaba con sus manos, porque no le alcanzaba para comprar un motocarro. Sus
manos se habían vuelto duras de empujar ese carro-mano cada día para ir y
volver del vertedero Cateura, como hace más de 30 años. La basura le daba de
comer a su familia, es un trabajo demasiado duro ser ganchera o
recicladora en el gran basurero de Asunción, aunque
alguna gente suele gritarles que son puercas,
que no quieren trabajar, y que no toquen “su basura”.
¿Pero a quién pertenece
la basura? ¿Pertenece a gente como María que construyó sus vidas y sus barrios
alrededor del reciclaje
informal en los Bañados de
Asunción? ¿Pertenece a las empresas que se disputan la gestión del vertedero
Cateura? ¿Pertenece al Estado? El vertedero
Cateura fue ubicado
en 1984 por orden del dictador Stroessner en un humedal
al borde del río Paraguay,
como una “solución” al problema de disposición de la basura en
Asunción. Y a partir allí se sucedieron los conflictos sobre
la gestión de la
basura, por los grandes intereses económicos que mueve.
En 2002, el exintendente
Burt (1996-2001) fue acusado por la utilización indebida de fondos destinados a
convertir a Cateura en un parque ecológico. En 2004, el intendente Riera privatizó la gestión del vertedero al Consorcio EMPO,
poco después aparece
un fuerte conflicto con la
empresa El Farol, que lidera el consorcio GIRSA (Gestión Integral de Residuos
S.A.). El conflicto también llegó a los
tribunales y fue enjuiciado el intendente Ferreiro, quien renuncia en 2019 por esta causa, y posteriormente el intendente Rodríguez otorgó la licitación para la
gestión del vertedero Cateura al consorcio GIRSA, que fue el único oferente. En
Paraguay se habla del monopolio del negocio de la basura y de la mafia de la
basura, pero esa es otra historia.
Ese miércoles, María sabía que tenía que salir cerca de las 11 h de Cateura con su “mercadería” para ir a cocinar. Ella llamaba “mercadería” a lo que otros llamaban “basura”. Ella era parte (invisible) de la cadena de valor del reciclaje, sabía muy bien que lo que la gente de la ciudad con baldosas desechaba como “basura” se convertía en “comida” para la gente del “bajo”. Lo que no sabía María es que en el noticiero del mediodía ella dejaría de ser invisible.
A las 11:47 María Teresa
López anunció el titular: “Tragedia en Cateura” y dijo que “una anciana murió
al ser atropellada por un camión recolector de
basura”, un camión que pertenecería
a una empresa privada, no a la municipalidad. “Esta señora anciana se dedicaba, buscando
cosas, elementos en medio de la basura,
y termina de esta forma”,
dijo. La cronista
Clara Acevedo estaba
en el lugar de los hechos
y siguió contando: “Se trata
de María Antonia Caballero de 63 años, ella era recicladora aquí del Vertedero
de Cateura”.
Lo
cierto es que, ese mediodía del 6 de abril, la Policía arrestó al chofer de la
empresa GIRSA como el presunto responsable del accidente que mató a María, un muchacho de 24 años que conducía
el camión Scania
112 rojo, modelo 1987, con matrícula BOL 422
y que tenía acoplado un remolque marca Randon modelo 3, ejes blanco y chapa NBD
700, según el informe de la comisaría
jurisdiccional. ¿Y cómo era el rostro de María? ¿tenía hijos? ¿tenía nietos? ¿almorzaron ese mediodía de abril? Busqué, pero no encontré ninguna foto de María en las noticias. Ella sigue siendo invisible de alguna forma. Me quedo pensando en María, empujando su carrito con sus manos duras, casi toda su vida, invisible como otras Marías que siguen ¿ganándose la vida? en los campos de Cateura. Y escucho la canción de León Gieco para otra María en otros campos y la misma desigualdad:
María nació en el campo, junto con la libertad Tiene la piel del viento, tiene los pies de hierba Y los ojos del cielo
Tiene las manos duras como la tierra del corral
Tiene las manos duras
Como la tierra del corral
Como la tierra del corral
No se necesita, no se necesita, dice María Tener las
manos blandas para ser mujer Tener las manos blandas para ser mujer
León Gieco (María del Campo)
