viernes, 29 de septiembre de 2023

La honestidad ante todo…

 


Por Amanda Cañiza

El pulso puede verse latiendo en la muñeca, en el cuello, un movimiento sinuoso. El hombre se remueve en la silla.

El cuarto está en penumbras, solo alumbrado por una lampara que cuelga del techo, creando un halo que cubre una mesa pequeña con dos sillas a cada lado.

En un extremo, el nervioso hombre. Del otro, también un hombre, pero más robusto, canoso. Junto a él un monitor del cual provienen varios cables que se conectan a una cinta ancha que rodea el brazo por encima del codo. Sobre el pecho, como si fuera un pulpo rodeándolo con los tentáculos, más cables, esta vez, más gruesos.

―Esta prueba está a punto de comenzar, por favor quédese quieto, mire hacia delante, escuche cada pregunta, luego responda con la palabra “no”. No se mueva y relájesedice el hombre canoso.

El hombre nervioso suspira.

Ni siquiera esa respiración profundaagrega.

El hombre canoso, con la vista clavada en el monitor, comienza a preguntarle cuál es su apellido ofreciéndole varias opciones.

A cada oportunidad el hombre responde: No.

Ya. Ya te caché.

El hombre canoso se relaja y sonríe.

El hombre, antes nervioso, también parece relajarse.

Cuando las luces se encienden, el pulcro uniforme de la policía nacional reluce en él.

El tabú del polígrafo

Tal vez cuando alguien menciona la palabra “polígrafo”, a uno se le vendrá a la mente aquella escena detectivesca en el cuarto oscuro, donde algún policía intolerante exige respuestas al sospechoso, golpeando la mesa con el puño, mientras la tecnología rudimentaria similar a una máquina de escribir garabatea los latidos del interrogado en una película de papel que se extiende sin fin.

Bien. La anécdota antes mencionada sucedió. Sin embargo, no como se lo imagina. No tan dramática. Fue en un estudio de televisión. Un 22 de setiembre, cuando Fernando Rojas, perito polígrafo, enseño cómo funciona este artefacto, ya que próximamente será utilizado en la evaluación para que efectivos de la policía Nacional sean promocionados y puedan ocupar cargos dentro de la nueva cúpula policial.

Enrique Riera, ministro del interior, fue quien impulsó la idea con el fin de “recuperar” la confianza en la institución.

No podemos, por culpa de unos cuantos. culpar a toda una institución―, dijo.

***

Un día cualquiera en la Republica del Paraguay.

Calor. En un copetín de la ciudad de Concepción entra un joven. La remera es negra, el “kepis” gris, una bermuda y zapatos cerrados.

Se acerca al mostrador y pide algo, ¿una empanada? ¿un sándwich? Se lo dan.

Parece disponerse a comer, pero se detiene. Toma un poco de alcohol en gel de la botella que está sobre el mostrador.

Al girar la cabeza ve entrar a un hombre con ropa deportiva, la remera sin mangas demuestra los musculosos brazos tatuados. Su mirada esta clavada en él. Confundido deja la botella nuevamente sobre el mostrador. El hombre musculoso camina decididamente en su dirección.

Presiente cierta amenaza que fluye hacia él. Aun sin entender, levanta los brazos instintivamente cuando el otro se posiciona a un costado suyo.

De repente, sin mediar palabra, uno de aquellos fornidos bíceps se enroscó alrededor de su cuello, mientras el otro lo presiona en un movimiento digno de un combate de judo. Cuando se siente caer, lo arrastra afuera.

Las dos mujeres que atienden el copetín y los dos hombres sentados en una esquina, no pueden más que mirar incrédulos lo sucedido. Nadie se mueve.

Álvaro Torres sostiene a quien él cree es el ladrón que le roba los focos del gimnasio, hasta que llegue la policía para detenerlo, no sin antes descargar la rabia e impotencia que siente.

No era la primera vez que pasaba, ya lo había denunciado. Los vecinos también. La policía no hizo nada.

―Solamente hice lo que todo ciudadano harto va a hacer―, dijo.

***

Creer o no creer

¿Qué es la verdad y qué es la mentira?

¿Dependen? ¿De qué?

¿Puede un polígrafo cambiar la opinión de los ciudadanos con respecto a la imagen pública de los policías?

¿Se soluciona solo con transparencia las deficiencias de un país con crisis en el tema de inseguridad?

¿Tendría usted más confianza en un policía que ha pasado por el test?

¿Es tan solo este un hilo burocrático más, para tranquilizar momentáneamente a las masas?

¿Qué es más verdad que los hechos mismos antes que las palabras?

Mientras tanto, Álvaro y muchos otros vecinos, suyos y de esta autora, continuaran haciendo justicia por mano propia.

Crónica de un asesinato en Pedro Juan

 


Por Jorge Figueredo

Luis Octavio Acosta, joven, periodista de Radio Imperio, se encuentra realizando su rutina laboral, en compañía de otras personas, transmitiendo un sorteo por el Día de la Juventud desde una farmacia ubicada en pleno centro de la ciudad de Pedro Juan Caballero, Amambay.

Es la tarde del jueves 21 de setiembre, desde el inicio de mes, semana tras semana, la duración de luz solar ha aumentado, y con la llegada de la primavera, es más intensa aún.

Nadie presagiaba lo que iba a ocurrir en esta avenida, la Mariscal López, sobrecargada de casas comerciales, con letreros de diversos colores y formas, automóviles estacionados que cubrían gran parte de la calle, y personas caminando por sus veredas.

Siendo casi las 16 horas, Luis interrumpe su modorra veraniega, escucha una primera ráfaga de disparos, a menos de una cuadra del lugar donde estaba.

Pum, Pum, Pum, Pum.

Segundos después, con otras personas sale a la calle, de nuevo empiezan los tiros: pum, pum, pum, y en ese instante ve a cien metros, frente al local del colegio Rosenstiel a una persona encapuchada, de camisa negra, y lo primero que en ese momento pasa por la mente de Luis  es: “aquí van a asaltar una casa de cambios, como los denominados Cangaço en el Brasil, que trabajan con gran cantidad de personas y que movilizan varios vehículos” y como tenía un celular en la mano empieza a filmar en vivo, cuando se nuevo escucha una ráfaga de disparos de arma de fuego y con una voz ronca por el miedo empieza a gritar: “¡un enfrentamiento, un enfrentamiento en la esquina del colegio Rosenstiel!”.

Una, dos, tres, cuatro personas con fusil corriendo frente a la casa de cambios, todos están enmascarados.      

Mientras aun el crimen no se había consumado, el periodista, a pesar que tiembla de terror, como un náufrago que se encuentra con tiburones en medio del océano, continúa transmitiendo con mucha valentía las circunstancias de los disparos que arreciaban en ese momento, que provenían cerca del colegio Rosenstiel, y una casa de cambios.

***

Conforme a las informaciones brindadas por diversos medios periodísticos, siendo las 16 horas de ese jueves 21 de septiembre hubo un enfrentamiento a tiros entre la víctima, Charles González Coronel, de 32 años, hijo del supuesto narcotraficante Clemencio “Gringo” González y un grupo de sicarios.

Charles quien estaba a bordo de un vehículo de la marca Jeep, chapa VCFT 622, en compañía de Jaime Verón Florentín, y Rony Justiniano Callaon, este último de nacionalidad boliviana, fueron seguidos por personas armadas cuando circulaba por la avenida Mariscal López. González intentó defenderse del ataque, respondiendo a los disparos, pero fue asesinado por los sicarios con cuatro disparos mortales con armas automáticas y fusiles de guerra, mientras sus acompañantes fueron heridos y están internados en u n Hospital de PJC.

La persecución con intercambio de disparos se dio hasta la entrada del local del colegio parroquial Rosenstiel, donde detuvo la marcha el vehículo en el que se encontraba la víctima, que ya no pudo seguir por los múltiples disparos que recibió en distintas partes del cuerpo.

Charles González recibió dos disparos en la cabeza, con pistola 9 milímetros; uno en el tórax y otro en la parte lumbar, estos últimos con fusil.

El periodista Luis Acosta, aun consternado por lo ocurrido, dijo que la víctima habría sido convocada a ir a la casa de cambios y que al salir de la misma fue acribillada por los sicarios. Lo que se desconoce es si fueron los propios verdugos, los que les citaron en la casa de cambios.  

Estaba estacionada una patrullera con agentes policiales en la esquina de un servicentro, a escasos metros del lugar del tiroteo, sin intervenir ni mucho intentar detener a los autores de los disparos.

Se limitaban a observar el hecho como si fuera una película de Hollywood, ―y se entiende, porque omitieron actuar― pues las armas de los policías eran insignificantes en relación a las armas con mayor poder de fuego que estaban utilizando los sicarios, pistolas automáticas, calibre 9 milímetros y fusiles de guerra 5.56. Este tipo de munición suelen utilizar las fuerzas armadas de la OTAN y aun numerosas naciones que no forman parte de ella.  

Luis Acosta, justificando el proceder de la policía, dijo “intervenir en estas condiciones solo con armas cortas, sería un suicidio para los policías y donde pudo haber más víctimas aún.”  

***

Realizar un atentado de esta forma en el centro de PJC, no es casualidad, todo el operativo fue muy bien organizado y perfectamente funcional al objetivo. como un reloj suizo, pues como recalco Luis, “el crimen organizado transmitió un mensaje que puede hacer lo que quiera, donde quiera y la hora que quiera.”       

Luis, quien estuvo en medio de un fuego cruzado, sintió terror por lo ocurrido, estaba como en un ensueño y que recién después fue despertando: «Se les comprende a los agentes policiales, pero esto debe ser un llamado de atención a las autoridades policiales en la manera de distribuirse, de realizar controles y en la manera en que exponen a los agentes policiales»

El padre del fallecido, Clemencio “Gringo” González, llego al lugar del hecho, minutos después del crimen, acompañando el procedimiento policial, evitó todo contacto con la gente, tenía una mirada perdida, fría, de impotencia, con las manos en los bolsillos en todo momento. Ya nada podía hacer. No reclamo ni exigió nada a las autoridades. Su silencio era más expresivo que cualquier palabra que pueda expresar.

Su silencio denotaba resignación, una tristeza inmensa, profunda. El solo estaba físicamente allí, pero su dolor era inmenso. Sabía que una vez consumado el crimen, como tantas familias lo han vivido en esta ciudad fronteriza, cualquier acción que pueda emprender sería inútil.  Soldados del crimen organizado al servicio de la mafia habían asesinado a su hijo a sangre fría, la calle estaba llena de policías y curiosos, donde los investigadores solo recogían las evidencias, de manera mecánica y burocrática, mientras la ciudad seguía con sus actividades comerciales normales, como si nada hubiese sucedido.    

***

No es Palermo, cuna de la Cosa Nostra siciliana, la verdadera estructura de poder denominada Mafia. No es Calabria, sede central de la patrona mundial del tráfico internacional de drogas, la Ndrangheta italiana. No es Nápoles, hogar de la organización criminal denominada Camorra. No es Puglia, lugar de origen de la asociación criminal conocida como Sacra Corona Unita.

Es Pedro Juan Caballero, una de las ciudades más importantes del Paraguay. Se la conoce como la terraza del país, al estar a 700 metros sobre el nivel del mar, tiene un clima subtropical, con calor húmedo predominante durante el verano, a la noche casi siempre hay niebla por la altura de la ciudad. A lo largo de las últimas décadas, en sus principales avenidas y calles, mucha sangre se ha derramado, por los sicarios del crimen organizado al servicio de la mafia.

Ya no somos una isla, esa isla rodeada de tierra que Augusto Roa Bastos tan bien lo definía en sus crónicas al describir los infortunios del Paraguay. Lamentablemente se ha globalizado el mal, mientras nuestros verdugos operan con tecnología del siglo XXI, nosotros aun operamos con herramientas del siglo pasado.

Rolo, el sueño, la realidad y la farsa

 


Por Kevin Pereira

–La miro a mi hija y ella llora. «Se desvaneció jugando fútbol», me dicen. «Señora, vos no estás entendiendo», sentencia la doctora –relata Claudia, la madre del reciente fallecido.

***

Rodolfo Núñez –o «Rolo», como solían llamarlo de cariño– se preparaba aquella calurosa tarde de septiembre para ir a jugar un partido de fútbol de «exa» con sus ex compañeros de bachiller.

Su mamá solía reprocharle, medio en broma, medio en serio: «¡Dios mío!, Rolo, ¿en la guardería no hay también “exa”?». Fue siempre, desde chiquito, futbolero apasionado.

Entrando a practicar el deporte a los tres años.

Pensaba, imaginaba, soñaba, con ser futbolista profesional. Quizá jugar en el Club

Olimpia, del cual era fanático. Sin embargo, con su familia –otra parte fundamental de sus importancias en la vida– tomaron la decisión de priorizar el estudio, debido a la difícil situación de destacar en el país a nivel profesional en el fútbol.

No menos apasionado, culminó sus estudios en el Colegio Técnico Nacional, en la

especialidad de Electrónica. Viajó a Alemania a formarse y al volver comenzó a trabajar en el área de electromedicina.

Claudia cuenta, recuerda, anhela: «“Papi, ¿vas a venir a comer?”, y él me decía: “No, mamá. Estoy en el hospital. Hay miles de pacientes que sus vidas dependen de lo que hago”».

Se preparaba, aquella calurosa tarde de septiembre. Era el día dieciséis del mes. Tenía un compromiso de aquello lo apasionaba: el fútbol. Era el exa. Con sus viejos amigos, los del colegio. Lo apreciaban mucho.

Eran alrededor de las cinco de la tarde mientras transcurría el partido. Rolo se sienta a descansar en un costado. Se apoya contra el vallado del complejo Arrayanes. De repente, cae desvanecido. Lo auxiliaron de inmediato. Llaman a los bomberos, a una ambulancia, a lo que hubiese. Llega al hospital y dan la trágica noticia: «Se desvaneció jugando fútbol».

***

Hijo, hermano, novio, padre, profesional, compañero, amigo. Son algunas de las muchas cosas que era Rolo.

Lo recuerdan: «Era el que nos mantenía unidos, fuertes. El que ante cualquier llamado estaba para nosotros. La fortaleza de la casa», recuerda, comenta, confiesa, su hermana, Jazmín.

Lo recuerdan: «Mamá, estoy en el bautista. Hay un problemita. Pero resuelvo en un ratito, y hoy sí voy a comer contigo», recuerda, con dolor, Claudia.

Fue ahí del bautista, donde le dijeron: «Señora, vos no estás entendiendo». Fue una profesional, como lo era su hijo, quien le dijo: «Se desvaneció jugando fútbol».

Debía ser un profesional comprometido como Rolo, quien debiera haber instalado el equipo eléctrico en el Arrayanes.

Debían de ser responsables, los dueños del complejo Arrayanes, al instalar correctamente un equipo de electricidad. Y no dar explicaciones sin sentido: «Él estaba mojado luego».

Con mucha razón dice, reclama, exige Claudia: «¡Que no nos traten de tontos al pueblo paraguayo!».

Más que una tragedia, es una farsa. Rolo no murió por jugar fútbol, ni por estar mojado, ni por un accidente, ni por un infarto. Rolo murió por la negligencia de los dueños y encargados del complejo Arrayanes. Que su muerte no sea un caso más de injusticia marcada en las negras páginas del país. Que se haga justicia, para y por Rolo.

La rama que casi le quita la vida

 


Por Melissa Villamayor

 

Un grito desgarrador rompe el silencio de la tarde.

Un hombre yace en el suelo, con una rama atravesando su pecho.

A su lado, una moto con su bolso de delivery.

Es un hombre que estaba trabajando por la zona.

La escena es impactante, la rama se desprendió de un árbol que estaba podrido por dentro. El mismo está ubicado sobre la avenida Mariscal Estigarribia, a metros del campus de la Universidad Nacional de Asunción.

Un hombre se acerca a auxiliarlo, que dada la casualidad es un compañero del rubro, que se muestra indignado y angustiado.

Esto es inadmisible gente, esto no puede estar sucediendo en una avenida principal como esta. Mi compañero está totalmente herido, tirado en el suelo, expresó.

Al pasar los 15 minutos, llega la ambulancia, lo suben a la camilla para por fin trasladarlo al hospital del trauma, en donde lo operan de urgencia.

Milagrosamente sobrevive.

La rama no le perforó el corazón, porque de ser así, otra sería la noticia.

Mendigando dignidad en la clínica de los incoherentes

 


Por Fiorella Zárate

Los gritos desesperados de auxilio resuenan sin falta en la avenida Venezuela N° 1004 de Asunción, cada vez que el reloj marca las 07:00 pm. Cuando el horario de visitas termina y los familiares regresan a sus casas, dejando atrás el mustio edificio, los internos ven venir la peor parte de su día.

Para los vecinos del hospital psiquiátrico, son gritos ahogados por la costumbre; habituados a los lamentos, ya no los oyen y actúan indiferentes ante las inhumanas condiciones en las que, a pocos metros, coexisten los pacientes agudos y crónicos del único hospital mental público del país.

—Es un lugar en el que vas para destruirte y empeorar —sostiene Alex Gallagher, un joven diagnosticado con trastorno límite de la personalidad, que recuerda los 3 días y las 2 noches que pasó en el psiquiátrico como los más repulsivos y traumáticos de su vida.

Repasa en su mente la interminable danza de cucarachas que no le dejaban dormir en las paredes del repugnante calabozo.

—Había tantas que me cuesta recordar el color de la pared.

Aquellos días de finales de enero de 2021, una fría cama de concreto fue el único cobijo ante restos de desperdicio humano embarrados a lo largo del suelo. El aire nauseabundo hacía la estancia más difícil, pero lo verdaderamente macabro fue el brutal trato de los encargados, su falta de humanidad.

El inhóspito cuarto de hospital no solo albergó a Alex, fueron muchas personas las que pasaron por aquella celda que los médicos y enfermeros llaman sala de contención.

La mujer joven, que prefiere mantenerse anónima aferrándose a la poca dignidad que no pudieron quitarle en aquella clínica, no olvida los manoseos a su cuerpo y honra a los fue sometida.

—Sabía que pelearme con los encargados o exigir algo en ese lugar era para peor —dice la mujer con trastorno bipolar—. Gritaba exigiendo salir y me resistía con todo mi cuerpo, haciendo peso muerto mientras me llevaban 3 enfermeros; perdí el control de mi vejiga y uno de ellos me dijo: “me orinaste todo, loquita” para después manosearme.

El opresivo sentimiento de injusticia, rabia e indignación perdura en ella hasta hoy.

Recuerda que al escuchar esas palabras sintió mucha impotencia y rendición.

—Ya no sentí tristeza, ya no sentí ira, ya no sentí nada— expresa la mujer al rememorar la traumática experiencia.

Al igual que los vecinos, las autoridades no oyen, o fingen no escuchar, las terribles historias. El director del centro asistencial. El Dr. Aldo Castiglioni, desentendido de las denuncias de abuso por parte del personal del hospital, culpó de la mala atención a la precariedad de los insumos, la falta de infraestructura y al abandono de los últimos gobiernos. Admite la calidad deficiente, pero niega toda culpa, dejando de lado la cordura.

Más de 100 años han pasado desde que la institución era llamada “Asilo de mendigos y huérfanos” y estaba a cargo de la Comisión de Damas de Beneficencia. En ese entonces pretendía albergar y proteger a quienes lo necesitaran. Personas de todo el país llegaban al lugar con esperanza de mejorar. Hoy, sin embargo, el Hospital Psiquiátrico, dependiente del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, es conocido por deshumanizar a los internos, negándoles derechos que se le garantizan al nacer. Las personas ya no esperan mejorías y los internos mendigan buenos tratos.

Un clamor de lluvia para salvarse del horno llamado Paraguay

 


Por Sergio Fernández

Transitar por las calles en un fin de semana se vuelve infernal y más con un calor que en Paraguay, hay como pocos. Y es que, según el boletín meteorológico, se pueden vivir temperaturas de hasta 43°c como máximo. Las altas temperaturas tendrán su mayor impacto por las tardes, donde muy seguro los tránsitos serán más intensos y el ciudadano común necesita moverse mucho.

Esto, además, hace resaltar la fama de Paraguay como uno de los países más calurosos del mundo, algo que lo comprobó el director del cambio climático, de la fundación WWF (World Wildlife Found), Óscar Rodas, al asegurar que, junto a Brasil, somos uno de los lugares más calientes del planeta. Con todo esto, solo habría que esperar a un milagro para sobrellevar el clima cálido. Tal vez una lluvia torrencial, diría alguno.

Zonas como el barrio de Cañadita, Itauguá, han vivido con este calor sin luz, gente de muy escasos recursos, en sus hogares, soportaron lo insoportable, dependiendo de sus electrodomésticos para mantenerse frescos. Sin luz se hizo una misión imposible no contar con sus ventiladores o heladeras que les proporcionen agua fría. Han vivido jornadas hasta tarde, tan tediosas hasta la vuelta de la luz. La sensación de 43°c fue una tortura que se hizo rutina.

En Villa Elisa, en la empresa Petropar, donde hay muchos sectores con trabajadores que laboran al aire libre, teniendo que cumplir su turno, caiga lluvia o haya el sol más intenso que hayan vivido. Fueron también muy asediados, sectores como el de control de calidad, donde hay personales que deben controlar camiones que salen del país, controlando que el transporte de combustibles sea seguro.

Todo este proceso, haciéndose al aire libre, con la gran agonía de no contar con luz, no poder al menos estar en lugares frescos para ser la jornada más tranquila, solo llevó al desgaste físico como mental de los obreros, que en su gran mayoría viven muy lejos, muchos teniendo que viajar horas durante el día, soportando el tráfico y trabajando en estas condiciones, hacen del calor el enemigo a combatir durante estos días. 

viernes, 22 de septiembre de 2023

Distintas maneras de redactar una misma información

 


La manera más frecuente de redactar una noticia es la de la famosa pirámide invertida, respondiendo a las cuestiones básicas: Qué, quién, cuándo, cómo, dónde, porqué.
Es un estilo muy de “gacetilla”, en donde generalmente se utilizan muchos lugares comunes, y resulta poco original. 
La técnica responde a los requerimientos básicos de satisfacer la necesidad de información, pero le provoca muy pocas sorpresas en el lector, y lo más probable es que nuestra redacción en este estilo sea muy parecida a la manera de redactar con que presentan la misma noticia la mayoría de los demás medios de comunicación, y al lector le acabe dando la impresión de que está leyendo el mismo texto en todos los sitios periodísticos.
Nuestro desafío -a partir del mismo hecho informativo- es intentar construir formas diferentes de redacción creativa, usando los recursos y las técnicas generalmente más asociadas a la literatura que al periodismo convencional, pero sin desvirtuar el hecho informativo en sí.
Es lo que se llama periodismo narrativo, o periodismo literario.
A veces basta con los datos básicos que encontramos en la misma información convencional, que pueden ser re-elaborados de una manera literaria, pero otras veces, cuando encontramos un enfoque con el que queremos abordar nuestra redacción, a partir de un elemento concreto, tendremos que investigar más datos para enriquecer ese enfoque con el queremos narrar la historia.
A continuación, algunos ejemplos:



1.-EL HECHO INFORMATIVO.

Pablo Junior Valdovinos, de 24 años, mata a su padre Pablo Alejandro Valdovinos (49) tras una discusión, en Mariano Roque Alonso, en la tarde del lunes 26 de setiembre, alrededor de las 17.
Posteriormente se fuga en un auto Fiat. La policía lo busca y le sigue la pista por sus posteos en la red social Facebook, en donde el joven revela que se encuentra en Ciudad del Este y posteriormente en Encarnación, donde finalmente lo detienen el martes 27, a las 18.40.
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2.-LA REDACCIÓN CLÁSICA - (ESTILO CRÓNICA POLICIAL).

(Última Hora, miércoles 28, setiembre 2016. Página 53 - Sucesos)



Cae en Encarnación el autor del asesinato de su padre

El joven que mató a su padre el pasado lunes en Mariano Roque Alonso fue detenido en Encarnación. Le siguieron la pista por su perfil de Facebook. Ayer a la tarde también se encontró el auto en que huyó.

Por Raúl Cortese
ENCARNACIÓN

Minutos después de las 19.00 de ayer, personal de Investigaciones de la Policía Nacional, procedió a la detención (sin resistencia) del joven Pablo Junior Valdovinos (24), buscado por matar a su padre Pablo Alejandro Valdovinos (49) de tres balazos en Mariano Roque Alonso. Prácticamente los uniformados lo estaban esperando, ya que siguiendo el contenido de su Facebook, pudieron seguir sus rastros, primero viajó a Ciudad del Este y desde allí a Encarnación. Se lo detuvo al bajar del colectivo.
Antes de ser trasladado a Mariano Roque Alonso, donde ya se encuentra una causa judicial abierta, accedió a hablar con la prensa local en donde se confesó autor del hecho y justificó por qué lo hizo. Dijo que así reaccionó porque su padre se conducía de forma ilegal en el seno de la familia, por el cual su padre siempre lo amenazaba, según el autor confeso del crimen.
Luego dijo que "el lunes al mediodía encontré mi ropa toda tirada y yo estaba borracho y había tomado disomnilan porque soy muy nervioso". "Estoy arrepentido y pido perdón", dijo el joven.
El día del hecho peleó con el padre, "discutimos, hubo un forcejeo y la cosa se fue de las manos", agregó.
El Ministerio Público había ordenado su captura y la Policía informó que el parricida venía amenazando a su padre. Las peleas entre padre e hijo eran frecuentes, según los propios vecinos. La vida del joven que giraba en vicios, consumo de alcohol y droga, era motivo de la recriminación del progenitor.
La víctima era funcionario de la ANDE y su madre vive en Formosa, Argentina, según el comisario Aldo Benítez, jefe de la Comisaría 10ª de Roque Alonso, donde se registró el hecho el pasado lunes a la tarde.
Nuevamente los protagonistas discutieron, aparentemente por el mismo motivo. El atacante, de la barra brava de Cerro Porteño, regresó a la casa tras ser echado por su padre a quien amenazaba de muerte, según la Policía. Tras el episodio, el joven abordó el auto Fiat de color verde, con chapa BVJ 324, propiedad de su padre, y huyó. En la tarde de ayer se encontró el vehículo cerca del geriátrico del IPS, sobre Molas López y Artigas.
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3.-REDACCIÓN LITERARIA 1 - ENFOQUE TEMÁTICO.

Elegimos un elemento, hallado de la misma noticia convencional que leímos anteriormente, que en es en este caso el seguimiento de sus posteos en Facebook, y lo trabajamos convirtiéndolo en el eje de la narración, el punto de vista, el enfoque. Cuidamos que la apertura y el cierre del texto -muy breve, en este ejemplo, pero puede ser más largo con más elementos de la historia-, tengan un sentido irónico, como de cuento policial de humor negro.







El asesino que cayó delatado por su Facebook

Lo estaban siguiendo… pero en Facebook.
Pablo Alejandro Junior Valdovinos Ferreira, el asesino más buscado por la policía en las últimas horas, tras haber asesinado a su padre Pablo Alejandro (49) de tres balazos, en la tarde del lunes 26 de setiembre, se movía constantemente, recorriendo cientos de kilómetros desde Mariano Roque Alonso a Ciudad del Este, y de allí a Encarnación, tratando de huir de la Policía, pero no resistió la tentación de postear algunos mensajes en su cuenta de la red social Facebook, en Internet, y eso lo delató.
Aunque sus posteos no eran públicos y solamente quienes integraban su red de amigos lo podía ver, bastó que un hábil informático de la Policía pueda hackear la cuenta para poder advertir los sitios desde donde Pablo posteaba y presumir sus próximos movimientos.
Fue así como agentes de la División de Delitos de la jefatura de Policía de Itapúa lo sorprendieron en la Terminal de Encarnación, en la tarde del martes 27, cuando Pablo apareció para tomar un ómnibus que lo lleve a la ciudad argentina de Posadas.
Lo más irónico fue que el agente que chequeó lo que el asesino parricida escribía en su cuenta de Facebook, antes de organizar el operativo que terminaría en su captura, no resistió la tentación de darle un “me gusta” al pie de su último posteo en la red social. 


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4.-REDACCIÓN LITERARIA 2 - ESTILO DESCRIPCIÓN DE ESCENA.

Usamos la técnica de situarnos en un momento de la información como si fuera secuencia de una película o una novela, y describimos ese momento como en una escena de acción. En este caso, el momento en que el prófugo intenta tomar el micro para cruzar la frontera desde la Terminal de Encarnación. Para ello, seguramente hará falta investigar los detalles de como fue la detención, entrevistar a uno de los agentes que lo detuvieron y pedirle que nos cuente en detalles ese momento.
La intención es introducir al lector en esa escena, que se sienta que lo está viendo o viviendo a medida en que se lo narramos.
A partir de esa secuencia, contar el resto de la historia.
Cuidar siempre el comienzo y el final, que sean "novelescos", pero sin agregar nada que no sea realidad periodística comprobada y comprobable.



El último viaje del parricida de Roque Alonso

“Allí viene”, se dijo a si mismo Pablo Alejandro con un suspiro de alivio, al ver que el ómnibus internacional que cubre la línea Encarnación-Posadas se acercaba  a la Terminal de Encarnación. 
Tratando de disimular su nerviosismo, aferró el ligero bolso de viaje y salió de la sombra del árbol en donde estaba guarecido, metiéndose en la fila de pasajeros que buscaban subir al vehículo.
Cuando ya había puesto el pie en la estribera para subir, sintió que una mano lo aferraba del brazo derecho con mucha fuerza, reteniéndolo.
En ese momento, sintió que otras dos sombras humanas se acercaban por la izquierda y el grito tan temido lo paralizaba.
-¡Alto, policía…!
Eran las 18.40 de la tarde y Pablo Alejandro Junior Valdovinos Ferreira (24) tuvo conciencia de que todos los caminos se le cerraban.
El apresurado viaje que había emprendido hacía poco más de 24 horas, después de haberle disparado tres tiros mortales de pistola a su propio padre, Pablo Alejandro Valdovinos (49), en su casa de Mariano Roque Alonso, dejándolo inerte en el piso, para recorrer luego cientos de kilómetros en un destartalado auto Fiat de color verde, chapa BVJ324, hasta Ciudad del Este y luego hasta Encarnación, con la idea de cruzar la frontera y poder huir hacia Argentina... repentinamente llegaba a su fin.
Los tres policías que lo retenían del brazo lo empujaron hacia atrás, mientras el chofer del micro de la línea internacional Encarnación-Posadas cerraba apurado la puerta, con un seco chasquido metálico, y el vehículo se ponía en marcha, repleto de pasajeros.
Pablo Alejandro vio cómo  el micro se alejaba por la soleada calle encarnacena hasta volverse apenas un punto en la lejanía.
Entonces comprendió que había perdido para siempre ese último viaje y agachó la cabeza, dejándose llevar por los policías.

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